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lunes, 15 de septiembre de 2014

sin nada (cuento ácido)


SIN NADA


Me levanto temprano y me voy al chino de la esquina para saludar a los gatos que mueven la patita de arriba a abajo, como Hitler. Dan suerte y yo soy muy crédulo: una vez me creí que el ser humano era bueno por naturaleza y que regalar era mejor que ser regalado. Luego vuelvo a casa tras robar algo en el supermercado y disfrutar el colocón de adrenalina que te recorre el cuerpo cuando cruzas la puerta del comercio. Subo en ascensor, aunque vivo en un primero, porque yo también pago la derrama, y me pongo a mirar los grajos que revolotean frente a mi ventana. Yo soy más de cuervos. Me encanta encontrar o cambiar de sitio cosas brillantes por si vienen malos tiempos. No encuentro mucho sentido a nada pero al menos intento ser sincero y admito que la única patria que encuentro son esos momentos en los que te enciendes un cigarro para que aparezca de una vez un taxi.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Carlos Alonso Callero

lunes, 8 de septiembre de 2014

la vida es dura (pero me gusta)


La noche entera
con un hacha
me ha golpeado el dolor,
pero el sueño
pasó lavando como un agua oscura
piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo
te levanto,
vida,
sobre mis hombros.

Oh vida, copa clara,
de pronto
te llenas
de agua sucia,
de vino muerto,
de agonía, de pérdidas,
de sobrecogedoras telarañas,
y muchos creen
que ese color de infierno
guardarás para siempre.

No es cierto.

Pasa una noche lenta,
pasa un solo minuto
y todo cambia.
Se llena
de transparencia
la copa de la vida.
El trabajo espacioso
nos espera.
De un solo golpe nacen las palomas.
Se establece la luz sobre la tierra.

Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.

el que de ti reniega
que espere
un minuto, una noche,
un año corto o largo,
que salga
de su soledad mentirosa,
que indague y luche, junte
sus manos a otras manos,
que no adopte ni halague
a la desdicha,
que la rechace dándole
forma de muro,
como a la piedra los picapedreros,
que corte la desdicha
y se haga con ella
pantalones.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.
Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Pablo Neruda

lunes, 7 de julio de 2014

Venus y el mar




"Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos"
"Ideario". F. M. Ortega Palomares 


"Todas las cosas del mar pertenecen a Venus: las perlas y las conchas, y el oro de los alquimistas, y las algas y el olor salobre de las mareas muertas, el verde del agua cerca de la costa y el morado más afuera, y el gozo de las distancias, todo esto es de Venus, pero ella no sale del mar para todos nosotros. Ella salió para Coverly por la puerta giratoria de una tienda de bocadillos, donde él había ido a tomar algo después de las clases del Instituto MacIlhenny. Era una muchacha delgada y morena, que se llamaba Betsey MacCaffery; Criada en las malas tierras del norte de Georgia, era huérfana."
Fotos: Gonzalo Gallardo
Texto:Crónica de los Whapshot, John Cheever


lunes, 30 de junio de 2014

las ventanas


El arte de ser feliz

Hubo un tiempo en que mi ventana se abría
sobre una ciudad que parecía ser hecha de tiza.
Cerca de la ventana había un pequeño jardín cuasi seco.
Era una época de sequía, de tierra pulverizada,
y el jardín parecía muerto.
Mas todas las mañanas venía un pobre con un balde,
y, en silencio, iba tirando con una mano unas gotas de agua sobre las plantas.
No era un riego: era una especie de aspersión ritual, para que el jardín no muriese.
Y yo miraba a las plantas, al hombre, a las gotas de agua que caían
de sus dedos flacos y mi corazón quedaba completamente feliz.
A veces abro la ventana y encuentro al jazminero en flor.
Otras veces encuentro nubes espesas.
Avisto niños que van para la escuela.
Pardales que saltan por el muro.
Gatos que abren y cierran los ojos, soñando con pardales.
Mariposas blancas, de dos en dos, como reflejadas en el espejo del aire.
Maribúes que siempre me parecen personajes de Lope de Vega.
A veces, un gallo canta.
A veces, un avión pasa.
Todo está exacto, en su lugar, cumpliendo su destino.
Y yo me siento completamente feliz.
Mas, cuando hablo de esas pequeñas felicidades ciertas,
que están delante de cada ventana, unos dicen que esas cosas no existen,
otros que sólo existen delante de mis ventanas, y otros,
finalmente, que es preciso aprender a mirar, para verlas así.


Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Cecilia Meireles

lunes, 23 de junio de 2014

las máscaras


No me gustan las máscaras exóticas
Ni siquiera me gustan las más caras
Ni las máscaras sueltas ni las desprevenidas
Ni las amordazadas ni las escandalosas.
No me gustan ni nunca me gustaron
Ni las del carnaval ni la de los tribunos.
Ni las de la verbena ni las del santoral.
Ni las de la apariencia ni las de la retórica.
Me gusta la indefensa gente que da la cara
Y le ofrece al contiguo su mueca más sincera
Y llora con su pobre cansancio imaginario
Y mira con sus ojos de coraje o de miedo.
Me gustan los que sueñan sin careta
Y no tienen pudor de sus tiernas arrugas
Y si en la noche miran/ miran con todo el cuerpo
Y cuando besan/besan con sus labios de siempre.
Las máscaras no sirven como segundo rostro
No sudan/no se azoran/jamás se ruborizan
Sus mejillas no ostentan lágrimas de entusiasmo
Y el mentón no les tiembla de soberbia o de olvido
¿quién puede enamorarse de una faz delegada?
No hay piel falsa que supla la piel de la lascivia
Las máscaras alegres no curan la tristeza
No me gustan las máscaras, he dicho.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Mario Benedetti 

lunes, 16 de junio de 2014

el amor del lobo y otros remordimientos


EL AMOR DEL LOBO Y OTROS REMORDIMIENTOS

Para nosotros, comer y ser comidos pertenece al terrible secreto del amor. Sólo queremos a la persona que podemos devorar. A la persona que amamos sólo soñamos en comérnosla. Es una historia bellísima, la del propio tormento. Porque amar es querer y poder comer y detenerse en el límite. En el mínimo latido entre el brinco y el acecho brota el miedo. El brinco estaba ya en los aires. El corazón se detiene. El corazón arranca de nuevo. Todo en el amor está vuelto hacia esta absorción. Al mismo tiempo, el verdadero amor es un no-tocar, pero casi-tocar de todos modos. Devórame, amor mío, de lo contrario te devoraré. El miedo a comer, el miedo de lo comible, el miedo de aquél de ambos que se siente amado, deseado, que quiere ser amado, deseado, que desea ser deseado, que sabe que no hay mayor prueba de amor que el apetito del otro, que se muere de ganas de ser comido y se muere de miedo ante la idea de ser comido, que dice o no dice, pero significa: te lo suplico, devórame. Quiéreme hasta el tuétano. Y sin embargo arréglatelas para dejarme vivir. Pero a menudo se transpone, porque se sabe que el otro no devorará finalmente, y se dice: muérdeme. Firma mi muerte con tus dientes.

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto:  Hélène Cixous- Argelia 

lunes, 9 de junio de 2014

espejismo


"La cura para todo es agua salada:
sudor, lágrimas o el mar."
ISAK DINESEN
ESPEJISMOS

¿Barco en el mar o en el alma?...

(¿Dónde encontraré equilibrio
de luz, para mi balanza?)

¿Puerto del tiempo o del sueño?...

(¿En donde comenzarán
los límites de mi cuerpo?)

¿Soledad o soledad?...

(Repite el eco en la noche:
"¡Soledad y soledad!"...)

Foto: Gonzalo Gallardo
Texto: Emilio Prados